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Cabalgando

Un verano perdido

entre tantos estíos

entre cien arboledas

entre tanto camino.


La frescura del alba

negrura de la noche

una intensa mirada

y tu voz en el aire…


Veinte años tenías, mi china,

veinte años de sol,

veinte noches sin luna, mi china,

veinte besos de amor.


Dos ojos negros miraban

la ruta del sol poniente

y en la sonrisa brillaba

un arroyo de luz, madrugada…


…escuchando el murmullo del agua

del Alfalfa que surca la pampa

agua blanca, nieve y mañana

sierra eterna y fresca alborada.


Veinte años tenías, mi china,

veinte años de sol,

veinte noches sin luna, mi china,

veinte besos de amor.


Pero el tiempo implacable se escapa

y tu piel ya no es flor

cada dulce mañana que canta

yo recuerdo tu amor.


Y el Alfalfa sigue llevando

nueva vida hasta Los Chilenos

qué será de tu alma, mi alma,

cabalgando en el tiempo…


CANTO DE LAS DIEZ

Son las diez.

Aquí las diez y allá, no sé…

Pero no son ya

las diez

sino que eran hace apenas

un instante:

Un instante que se fue,

transcurrió, se esfumó

mientras el presente,

herido, cantaba:

Son las diez.

Aquí las diez y allá, no sé…

Pasar del tiempo sin paz,

mecanismo invisible

de un universo retorcido

que nos sacude una y otra vez

en alguno de sus incontables meandros

(río cósmico)

con la desaprensión

con que la arena

cubre un minúsculo oasis

en el Sahara.

Fueron siendo las diez

en una sucesión graciosa

de sesenta segundos;

segundos que son dardos

con los que el futuro

mata al presente

y lo entierra en el pasado.

Son las diez.

Siguen siendo las diez.

En algún lugar

siguen siendo estas diez

y volverán a serlo,

lozanía burlona de las horas,

en cada momento,

en cada lapso

en el que dos ojos recorran

con avidez o aburrimiento,

con fascinación o fastidio,

estas mismas mínimas líneas,

que no son versos,

sino pequeños dardos

con los que la poesía

hiere al futuro

y hace resucitar

-de sus entrañas incógnitas-

 el pasado que,

agradecido al fin, canta:

Son las diez;

Aquí las diez y allá, no sé…

DONDE SOY

En estas sierras
se ha quedado mi corazón
que como un árbol
emerge de entre las piedras
buscando el cielo con sus ramas.


El ramaje de mis sueños no ralea,
y es así que cientos de pájaros
vienen a cantar mientras amanece.


En esta sierra
el viento forjó mis músculos
y con su azul violáceo
pintó mis ojos de almendra
y mis esperanzas de olivo.


Mis cabellos son hijos del aire,
el agua del Alfalfa diseñó mis dientes;
las huellas del pampa modelaron mis pies.


En esta sierra
me enamoré no sé si por tercera vez
de la vida, de la libertad.
Aquí me enamoré del suelo que piso
de la tierra de la que emergieron mis raices.


Esté donde quiera Dios que deba estar
permaneceré en esta sierra que me parió un día
con el viento norte en el corazón hecho sonrisa.

FELIZ

Feliz de nacer
feliz de renacer;
feliz de estar
y más feliz de ser.

Feliz de respirar
muy feliz de aspirar
y aún más feliz
de seguir aspirando:
Que no se aspira
solo el aire
sino que felizmente
se aspira el ser
en una vida que corre
y un tiempo que vuela.

Feliz de no ser tan feliz
para tener más felicidad
en el mañana futuro,
en el mañana temparano
en el instante que vivo
en el instante que muero.

Feliz al fin de verme feliz
frente al espejo
y más feliz de verme viejo
y mucho más aún
de saberme joven
entre tanta jovialidad
y tanto festejo
pensando y pensando
cómo he sido tan feliz
sin felizmente darme cuenta.

Que no es otra cosa la vida,
no es otra la lidia
que andar capeando toros
en las arenas movedizas
sin más traje de luz
que esta desnudez
fragante y feliz
que luce a pleno sol
a flor de piel el alma mía.

DE BANDERAS Y GAVIOTAS

Dónde dejaste
las banderas que flamearon
en el balcón de tu alcoba
las mismas que no plancharon
las manos del viento
que soplaba de tu alma,
las mismas que arrugaron
los vientos del tiempo,
la moneda y la codicia.

Dónde dejaste
las banderas lejanas
que jamás llevaste en las manos
sino sólo en la boca
con el color de palabras viejas
usadas y resucitadas
de tantas guerras que no fueron,
barricadas negociadas
y llantos secos
antes de ser derramados.

Dónde dejaste
la mujer que fuiste
cuando todavía no eras niña
y la niña que eras
cuando estabas en mis brazos;
dónde te dejaste olvidada
pequeña y sangrante flor
que el otoño no conoció
y que la primavera
hizo vómito de perfume.

Donde estés,
donde te hayas dejado
sabrás que en alta mar
un marino marinero
navega buscando la polar,
sonriendo al sol
lamiendo el aire de sal
con el aroma de la libertad.

Donde estés
hallarás un hombre en tu sueño,
un hombre que sonríe
como sonrío yo,
como ayer te sonreía,
como siempre sonreiré.

No le preguntes dónde se dejó,
ni a dónde sus banderas
fueron a flamear
ni con qué viento habrán de ondear.
Simplemente, mejor tributo,
regrésale tu sonrisa de ayer,
gaviota compañera,
que no sabe de otoños
no sabe de sangre ni banderas:
Sólo sabe de horizontes
y pasos que jamás vuelven atrás.

MELODÍA DESVANECIDA

Tu gato gris
al pie de la cama
y con los ojos entrecerrados
nos mira
desde algún rincón
del pasado.


Tu gato gris
escucha con nosotros
las coplas dolientes
de la Violeta Parra
sangrando de injusticias
con llantos propios
y llantos ajenos.

Tu gato gris no duerme
mientras nosotros dormimos
en algún pliegue
de tu sábana adolescente
que no sabe de príncipes
ni de nórdicas bellas durmientes;
sábanas de dolor dulce
sábanas de olvido y de perdones,
perdones que tu gato gris
no entiende.


Tu gato gris se ha muerto
y otro gato también gris
pulula por tu casa
jugando con tus críos,
maullando la madrugada.


Tu gato gris se ha muerto
como se murió el amor
para ser semilla pequeña
de esta más pequeña poesía
que hoy día escribo yo.

ESCRIBO LA NOCHE

Escribo la noche
con tinta negra
en trazo fino
y en el aire.

Escribo la noche
y la noche se esfuma
se dispersa
se disuelve
desaparece
distante.

Escribo la noche
y aunque quisiera
letras de sangre
no quiero empero
contar con tal tintero
y me conformo con la pluma
tendida al cielo
en este menguante.

Escribo la noche
de vacíos y signos
de manchas en el papel
lágrimas que no surgen
risas que se ahogan
ojos que miran
abrazos que abrasan
fuegos que incineran.

Escribo la noche
y en lontananza
un canturreo vuelve
desde no sé dónde
a sonar en mis oídos
más allá de la trasnoche
más acá de los olvidos.

La noche me escribe:
Sólo soy
un personaje
que inventaron las estrellas
para jugar a las escondidas
hasta que apenas amenezca.

Ezequiel Olivary

LADRILLO SOBRE LADRILLO

Ladrillo sobre ladrillo
se construye la vida
y como en un cestillo
los tejidos toscos
se entrelazan
abrigando en silencio
soles, días, mañanas.

Ladrillo sobre ladrillo
sueño sobre sueño
andar andando el camino:
Es tan cierto el desatino
del soñante como el destino
del tunante y la poesía
del poeta o el pensar
solitario del exégeta.

Ladrillo sobre ladrillo
me río de mi a veces
y lloro sobre mi hombro:
Soy un ser humano, con creces
superior a cualquier primate
y en demasía inferior
a cualquier estrella.
Pero esto no basta,
no es suficiente.

Al final de cuentas
de tanto ladrillo y ladrillo
no es lo mismo construir
una alta torre en la cima
que amontonar escombros
a la orilla del río…

Ezequiel Olivary

ABRIL EN MADRUGADA

Pensaba abril
y resulta ser
que me tomó desprevenido
la madrugada.

El sol que no se ve
parece que optó por oriente
mas la noche es firme aquí
en tanto se viste poniente.

No sé por qué mirar
no significa siempre ver
y por qué ver es virtud de ciegos

pero es que entre tantos legos
al final de cuentas todo es negro
y aquí es abril en madrugada.

Ezequiel Olivary

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